Con lágrimas en los ojos y el corazón destrozado me entero de tu fallecimiento, Muriel, amiga y colega de tantos años. Verte fué siempre sonreir. Y admiré - y seguiré admirando - la tenacidad y ternura con que tu espíritu buscaba reconciliar lo irreconciliable en nuestra humanidad. Nos queda el legado de tu bellísima y profunda obra. Gracias por tanto Muriel.